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La confesión:

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“Porque yo reconozco mis rebeliones, Y mi pecado está siempre delante de mí”.

 

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TE INVITO A UN VIAJE INTERNO POR LAS VERDADES DESCRITAS EN LAS BELLAS PALABRAS QUE PODEMOS ENCONTRAR EN EL SALMO 51

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** Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia; Conforme a la multitud de tus piedades borra mis rebeliones. **

 

Sin duda una manera de acercarnos a Dios es pidiendo piedad, confesando nuestros pecados. Aun en nuestras relaciones interpersonales con la gente la confesión tiene buenos resultados. Muchas veces en mi trabajo yo como todos cometemos errores y cuando me piden cuentas, siempre uso esta arma: “Hice mal y me arrepiento, ¿cómo puedo reparar el daño?” es decir confieso mi culpabilidad y esa actitud hace que los problemas se resuelvan siempre favorablemente. Es más mis superiores siempre agradecen la sinceridad y honestidad de mi parte cuando reconozco mis errores.  

Hablando de la confesión con Dios ¿Quién de nosotros pudiera decir que no necesita de la piedad de Dios? ¡Confesar nuestros pecados y apelar a su piedad y su misericordia!. Sin duda el rey David conocía a Dios y sabía que Dios es Grande en Misericordia, amplio en perdonar, que perdona la maldad y la rebelión y el pecado. ¡Y que no tendrá por inocente al malvado!. Pero muchos se acercan a Dios como si fueran justos, como si estuvieran libres de pecado, como si no tuvieran de que arrepentirse:

 

“Que me buscan cada día, y quieren saber mis caminos, como gente que hubiese hecho justicia, y que no hubiese dejado la ley de su Dios; me piden justos juicios, y quieren acercarse a Dios.” Isa 58:2

 

Vemos aquí claramente que la justicia es el derecho de “pedir y acercarse a Dios”. Pero para saber los caminos de Dios, pedirle justica y acercarse a Dios es necesario pedir misericordia y aceptar y obedecer su ley.

 

** Lávame más y más de mi maldad, Y límpiame de mi pecado. **

 

La única manera de limpiar nuestra vida del pecado, de rebeliones y de la maldad de nuestro corazón es pidiendo que él nos limpie. Es imposible que nos mantengamos completamente limpios en la vida, siempre vamos por la vida cometiendo errores. Aun el hombre más santo es un pecador. El pecado nos hace sentir sucios o indignos para acercarnos a Dios.

David tenía un problema de pecado adquirido por sus padres. ¿Cómo lo sé? Fíjate como hace diferencia entre maldad y pecado (esta palabra maldad es iniquidad en el original). “Lávame más y más de mi maldad (iniquidad), y límpiame de mi pecado”. David batallaba con la iniquidad o pecado repetitivo (iniquidad es la tendencia a pecar adquirida por los padres y/o aprendida). El sabía perfectamente su problema. Iniquidad es el pecado adquirido, heredado o repetitivo en nuestras vidas. Es importante entender la diferencia entre pecado, iniquidad y rebelión. (Este salmo usa las tres definiciones).  

 

** Porque yo reconozco mis rebeliones, Y mi pecado está siempre delante de mí. **

           

La rebelión es otra forma de pecar, cuando desobedecemos a la autoridad de Dios o la autoridad puesta por Dios (Gobierno o Iglesia). ¡Cuando vamos ante Dios es necesario reconocer nuestro pecado, nuestra iniquidad y nuestra rebelión!. Necesitamos la ayuda del Espíritu Santo para confesar nuestros pecados, rebeliones e iniquidades. Jesus dijo hablando del Espíritu Santo:

“Y cuando él venga (Espíritu Santo), convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio. De pecado, por cuanto no creen en mí; de justicia, por cuanto voy al Padre, y no me veréis más; y de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo ha sido ya juzgado. Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis sobrellevar”. Juan 16:8-12

Solamente con la ayuda del Espíritu Santo podemos abrir los ojos al pecado, la iniquidad y la rebelión y rendirle cuentas a Dios. Reconocer las rebeliones, pecados e iniquidades por nombre se hace confesando esos pecados por nombre. Reconocer nuestra debilidad ante tales males. Dolernos por el pecado cometido y reconocer que ese pecado nos aparta de la santidad de Dios, reconocer que esos pecados nos apartan de la gloria de Dios, reconocer que eso pecados traen tristeza y vacio. Declarar nuestros pecados audiblemente y pedir por los pecados específicos, llamarlos por nombre y desecharlos de nuestra vida. ¡Echarlos fuera de nuestra vida!. Decirle a Dios que batallamos con esos pecados, que nos limpie y que nos lave de esa maldad. Decirle:

 

** Contra ti, contra ti solo he pecado, Y he hecho lo malo delante de tus ojos; Para que seas reconocido justo en tu palabra, Y tenido por puro en tu juicio. **

 

Reconocer que hemos hecho lo malo delante de él y hemos pecado solo contra Dios. ¡Pedir perdón y misericordia! Reconocer que el pecado nos aparta y nos aleja de Dios. Reconocer la gravedad del pecado y el vacio que trae a nuestra vida. Reconocer la pureza y la justicia de Dios por su palabra.

 

** He aquí, en maldad he sido formado, Y en pecado me concibió mi madre. **       

 

Aquí la parte más difícil, reconocer que traemos iniquidad desde nuestro nacimiento. Hay dificultad para entender que la iniquidad se hereda por parte de los padres, genéticamente hablando hay tendencia a repetir los pecados de los padres. Aun con los avances de la ciencia es difícil probar que en nuestro DNA hay tendencias a los pecados. Pero reconocer ese pecado y esa maldad (iniquidad) es muy importante porque nos libera de nuestras cargas.        

 

“Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad”. 1 Juan 1:9

 

Se fija usted como hay diferencia entre pecado y maldad (iniquidad), solamente cuando confesamos nuestros pecados se activa la justicia y la fidelidad de Dios, para perdón de pecados. !Pero de nuestra maldad necesitamos ser limpios!. ¡Del pecado necesitamos ser perdonados y de la iniquidad o tendencia a pecar necesitamos ser limpiados!. Necesitamos ser purificados, necesitamos ser lavados de la iniquidad o de la tendencia genética a pecar. Necesitamos activar la limpieza y purificación de nuestros pecados e iniquidades al confesarlos.

Podemos ignorarlos, pero eso no activa solo retrasa los planes de Dios, podemos olvidarlos pero eso no activa la pureza de Dios. Podemos simplemente pasarlos por alto, pero eso no activa la palabra de Dios. La palabra de Dios se tiene que cumplir. La confesión de preferencia yo recomiendo que se haga en voz alta, pidiendo perdón por esos pecados terribles que nos separan de la gloria de Dios. ¡Esta confesión se hace en la intimidad con Dios!.

 

** He aquí, tú amas la verdad en lo íntimo, Y en lo secreto me has hecho comprender sabiduría. **

  

Cuando se activan las leyes de Dios, Dios es tan misericordioso que nos empieza a consolar y nos comienza a hablar para restaurarnos. Nos comienza a revelar cosas increíbles. ¡Habla a nuestro ser! Entendemos la sabiduría de Dios. Simplemente se restaura nuestra relación con Dios. Se restaura la cercanía con Dios.

 

** Purifícame con hisopo, y seré limpio;  Lávame, y seré más blanco que la nieve. **

 

Entonces Dios nos imparte de su pureza y santidad, cuando le pedimos que nos limpie, nos lave y nos purifique. ¡Nos hace aptos y dignos de poder estar en su presencia!. ¡Nos imparte de esa santidad y dignidad!. ¡Padre danos de esa pureza!

 

** Hazme oír gozo y alegría, Y se recrearán los huesos que has abatido.**

 

Entonces viene un gozo y una alegría imposible de experimentar fuera de Dios. De su presencia experimentamos una alegría inexplicable, entonces viene de la presencia del Señor un refrigerio espiritual. Es una frescura y una fuerza para nuestra alma abatida.

 

** Esconde tu rostro de mis pecados, Y borra todas mis maldades. **

 

La parte más difícil de entender es como Dios se olvida nuestros pecados, muchas veces recordamos y se nos hace difícil olvidar nuestros mismos errores y creemos que Dios es igual. Se nos hace imposible creer que Dios pueda olvidar y perdonar. Nuestra carne es condenación, ¡pero en el Espíritu es pureza y santidad!. ¡En el Espíritu no hay condenación!

 

** Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, Y renueva un espíritu recto dentro de mí.**

 

Entonces le pedimos a nuestro Padre; “Padre no permitas que vuelva a pecar, no permitas que caiga una vez más en las garras del pecado. Limpia mi corazón y renueva mi espíritu”. Difícil de entender pero Dios lo puede hacer, crear un nuevo y más limpio corazón y un espíritu renovado. ¡En el Espíritu eso es realidad, en la carne esto es imposible!

 

** No me eches de delante de ti, Y no quites de mí tu santo Espíritu.**

 

Entonces valoramos la presencia de Dios y su Espíritu Santo. Entonces no queremos retirarnos de su presencia, entonces disfrutamos de la compañía del Espíritu Santo y conversamos con el todo el tiempo.

 

 

** Vuélveme el gozo de tu salvación,  Y espíritu noble me sustente.  **

 

Entonces nos damos cuenta que el verdadero gozo y alegría vienen de la presencia del Señor. Esa experiencia nos llena de mas hambre y sed de experimentarlo a él.

 

** Entonces enseñaré a los transgresores tus caminos,
    Y los pecadores se convertirán a ti.**

 

Entonces vemos la vida diferente y queremos compartir lo que Dios hace en nuestra vida. Queremos compartir lo que Dios es y hace en la vida de los mortales. Y cuando un pecador ve la alegría y la motivación de tu vida y la razón de tu gozo, ellos también quieren experimentar ese Dios ¡Grande en Misericordia! ¡Grande en verdad!

 

** Líbrame de homicidios, oh Dios, Dios de mi salvación;

Cantará mi lengua tu justicia.** 

 

Entonces pedimos a Dios que libre de cometer esos pecados tan graves que hemos cometido. Entonces pedimos ser librados y liberados de esos pecados. Entonces ese gozo de vernos libres nos hace cantar la justicia de Dios.

 

** Señor, abre mis labios,
    Y publicará mi boca tu alabanza.**

 

Entonces brota de nuestro interior una alabanza, no podemos callar lo que Dios hace en nuestra vida. Podemos gritar con gozo y alegría.

 

 

** Porque no quieres sacrificio, que yo lo daría;
    No quieres holocausto.**

 

Entonces nos damos cuenta que Dios no está interesado en lo externo de mis acciones, si no en lo interno de mis decisiones. Vemos que Dios quiere disfrutar de nuestra presencia también.

 

 

** Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado;
    Al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios. **

 

Los verdaderos sacrificios son espirituales. Los verdaderos sacrificios son el espíritu quebrantado y humillado ante Dios. Los verdaderos sacrificios son cuando ignoramos la carne y la mente, y obedecemos a su voz. Entonces me voy a encontrar en otra dimensión de alabanza y comunicación con Dios.

 

 

** Haz bien con tu benevolencia a Sion;
    Edifica los muros de Jerusalén.**

 

Entonces invocamos su benevolencia y protección. Hacemos una invitación a Dios en todos nuestros asuntos. Invitamos a Dios a nuestra ciudad, nuestra casa y nuestra familia.

 

 

** Entonces te agradarán los sacrificios de justicia,
    El holocausto u ofrenda del todo quemada;
    Entonces ofrecerán becerros sobre tu altar. **

 

Entonces veremos y experimentaremos que tu vez con agrado los dichos y las acciones de nosotros.

 

Padre permite que con pureza de corazón te alabemos, permite que podamos acercarnos a ti confiados en tu justicia y tu misericordia. Limpia nuestras vidas del pecado y la iniquidad, borra todas nuestras rebeliones y renueva nuestro espíritu. Permite la comunión de tu Santo Espíritu sea permanente en nuestro espíritu.

¡Te alabamos Señor!

Abdielsalas@live.com

¡Bendiciones de lo alto!

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